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martes, enero 26, 2010

Indignado por la emergencia social, una descarada y antidemocrática reforma a la salud del gobierno de Uribe

La salud es uno de los tantos derechos socavados paulatinamente por una administración que sigue clavando la espada a la gente honrada, decente y trabajadora como usted o como yo, en beneficio de unos pocos poderosos que se mantienen en las líneas de mando gracias a una mezcla macabra entre paramilitarismo y narcotráfico.

El gobierno alega que es una reforma necesaria por la crisis del sector pero no dan cuenta del descalabro que empezó con la ley 100 y que se agudizó con la entrega de subsidios como fortín político. De diez años que lleva puesta en marcha la ley 100, siete le han correspondido a este gobierno. Entonces, ¿qué hace el inepto de Diego Palacio aún en la cartera de la Protección Social? Pero más allá, ¿qué hace buena parte de este país pensando en reelegir a Uribe?

Claro que nos urge una reforma a la salud, pero pensándola como un derecho y no como una mercancía, en una descarada acción para la privatización total que el gobierno ahora quiere decretar en una decisión desafortunada que contempla, entre otras barbaridades, volver a los médicos ordenadores del gasto público con límites que traerán sanciones para ellos mismos. Médicos maniatados y cerrar las posibilidades a la investigación, qué retroceso tan abrumador.

No sólo la salud, también la educación, vivienda, empleo, con cifras manipuladas con las que el departamento de estadística del gobierno, y gracias al eco de los medios de 'repetición', mantienen embrutecido a un pueblo que sigue creyendo que Uribe es un mesías y que lo mejor que le ha pasado a este país es la seguridad democrática.

Esas bondades, en la mayoría de los casos, son ilusiones mediáticas confeccionadas desde las salas de redacción, ocultando la realidad de lo que sucede para que el pueblo enajenado, siga creyendo y votando por el clan criminal que se sienta en la Casa de Nariño. No se atreven a llamar a las cosas por su nombre para despistar al televidente que sólo ve la banalización de la política en cara de Vicky Dávila. Le dicen 'falsos positivos' a los crímenes de Estado; le dicen 'chuzadas' al espionaje; poco les falta para adoptar el término "migrantes" acuñado por el macabro José Obdulio para denominar al desplazamiento forzado producto de la absurda guerra que se come el presupuesto nacional. Y ni hablar del irrespeto a las leyes al mejor estilo dictatorial.

Excusen amigos si me emocioné, pero todo esto para decirles que nos urge movilización de ideas, de pensamientos y de acciones. Que cualquier espacio es importante y necesario para proponer y buscar una luz al final del túnel. No sé ustedes, pero yo sí sueño con un país democrático y participativo, donde no me señalen por pensar ni me pongan en la lista negra por opinar. Y donde, finalmente, pueda ejercer el periodismo de cara a las necesidades del pueblo sin temor de cargar una lápida en mi espalda.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Estamos deacuerdo en lo que escribes, pero me da la sensación, que metes varias cosas en un solo articulo...si vamos a hablar de los decretos del sistema de salud, pues hablemos de eso...si vamos a hablar del baile de viki Davila, pues lo mismo...